Del Infierno a Tierra Santa

En los últimos años, Ridley Scott ha demostrado que su capacidad para la dirección es estocástica, si brillaban con fuerza “Alien“ y “Blade Runner” en sus comienzos, la insoportable “Teniente O´neill” y la repugnante “Gladiator” demostraron que sus aciertos son producto del azar. El reino de los cielos levantó una, como siempre, absurda polémica según la que muchos árabes (tras los cuales se encontraban muchos miembros del "New York Times", famosos por su "rigor" informativo) declaraban que tras haber leído el guión, este mostraba a los musulmanes como fanáticos brutales y descerebrados, ahora me pregunto si no se estarían describiendo a ellos mismos, porque está claro que no se han enterado de la historia o simplemente no la han leído.Uno espera que “el reino de los cielos” sea una secuela de “Gladiator” (actor famoso que carga con todo el peso, chica guapa, batallas digitales...) pero lo gran diferencia entre ambos trabajos reside en un guión que no se vende al epicismo fácil, si no que busca llevar un mensaje de paz y concordia, donde los dos bandos tienen la razón y ambos están equivocados. La gran diferencia entre el truñazo de romanos y esta cruzada, es que se busca más las relaciones de los personajes, sus dudas, su fe, sus ideas que un mero montón de peleas con excusas tan ridículas como la mera venganza. Pero antes expliquemos su argumento: Balian es un joven herrero que en 1184 pierde a su hijo y su mujer se suicida, sabiendo que ella morará en el infierno por ello, y tras la llegada de Godofredo de Ibelín, un caballero que afirma ser su padre, decide acompañarle para purgar penas en Jerusalén, que vive una pequeña tregua entre Saladino y Balduino, pero en ambos bandos, grupos de fanáticos buscan un enfrentamiento. A partir de ahí se dispara la diferencia entre este film y cualquier otro del mismo estilo, evitando el maniqueísmo al mostrarnos que, tanto un bando como el otro, solo desean convivir en paz.En el campo de las actuaciones nos enfrentamos a toda una escala; por un lado, los que demuestran su valía con unas pocas frases (Liam Neeson, Ghassan Massoud, y un irreconocible y admirable Edward Norton), por otra parte, los que pretenden competir con los primeros y solo consiguen hacerlo de forma "correcta" (un Orlando Bloom que todavía tiene que demostrar su valía y un Jeremy Irons tratando de evitar que le entre el síndrome de personaje de comic ) y luego, los que no hacen absolutamente nada (Eva Green, la mujer florero).En otro apartado, el film pierde puntos la mostrarnos escenas que parecen extraídas directamente y sin tapujos de Lawrence de Arabia, El señor de los anillos o las peleas cargadas de tierra y sangre digital y con el típico tembleque de la cámara, marca del Hollywood post-Spielberg. Aderécenlo con una banda sonora multicultural (muy acorde con el espíritu de la película) y un diseño de producción sencillamente sorprendente. En definitiva, tenemos una película que nos da algo nuevo, no simples peleas, si no una reflexión de la guerra como algo inútil, una película que no se basa en la simple espectacularidad y carga toda la historia al protagonista de turno (Orlando "solo hago cine épico" Bloom). Si los estudios se preocupasen mas de buscar este tipo de historias que de crear productos de videoclub, ir al cine sería un verdadero placer para los sentidos.
Calificación: 7 de 10